El cáncer de piel es el tumor más frecuente en el ser humano y su incidencia no deja de crecer. Solo en España, los registros de la Academia Española de Dermatología y Venereología recogen unos 253 carcinomas basocelulares nuevos por cada 100.000 habitantes al año, a los que se suman 38 espinocelulares y cerca de nueve melanomas. Detrás de casi todos ellos hay un mismo responsable: la exposición solar acumulada a lo largo de la vida. El basocelular, el más habitual, rara vez se extiende a otros órganos, pero puede resultar muy destructivo en la zona donde crece si se deja evolucionar.
La buena noticia es que pocas enfermedades oncológicas responden tan bien cuando se cogen a tiempo. Un melanoma detectado en fases iniciales supera el 90 por ciento de supervivencia, y los carcinomas más comunes alcanzan tasas de curación próximas al 100 por cien con la técnica adecuada. En 2024 se diagnosticaron cerca de 7.900 melanomas nuevos en España, según la Sociedad Española de Oncología Médica, y la diferencia entre llegar pronto o tarde se mide en vidas. Centros especializados en dermatología médico-quirúrgica como veronicaruizderma.com explican con detalle en qué consisten estos procedimientos y cuándo está indicado cada uno.
Porque no existe un único tratamiento, sino un abanico que el dermatólogo ajusta según el tipo de tumor, su localización y el estado del paciente. Van desde las cremas de uso tópico hasta la cirugía, pasando por la criocirugía, la terapia fotodinámica o la electrocirugía. Elegir bien la herramienta es tan importante como llegar pronto.
La cirugía de Mohs, que analiza al microscopio todos los márgenes del tumor durante la propia intervención, se ha convertido en la técnica de referencia para los carcinomas de la cara y las zonas más delicadas
Entre todas, destaca la cirugía de Mohs, considerada la más precisa frente al cáncer cutáneo. El cirujano extirpa el tumor por capas y examina cada una al microscopio en el momento, de modo que solo se retira tejido enfermo y la intervención no termina hasta comprobar que los márgenes están limpios. Se realiza de forma ambulatoria, con anestesia local, y está especialmente indicada en carcinomas basocelulares de la cara, tumores mal delimitados o lesiones que han reaparecido tras un tratamiento previo. En tumores primarios, su tasa de curación se acerca al 99 por ciento, la más alta de todas las técnicas disponibles.
El resto del arsenal también tiene su papel. La criocirugía destruye lesiones superficiales congelándolas con nitrógeno líquido; la terapia fotodinámica combina una crema fotosensibilizante con una fuente de luz que elimina las células dañadas; la electrocirugía emplea corriente eléctrica de alta frecuencia. Y cuando la herida quirúrgica es extensa, técnicas reconstructivas como los injertos en sello aceleran la cicatrización con pequeños fragmentos de piel sana del propio paciente.
Nada de esto sustituye a la prevención. Los dermatólogos insisten en la fotoprotección diaria, en evitar el sol de las horas centrales y en desterrar las cabinas de bronceado. A ello se añade la autoexploración con la regla ABCDE, que obliga a vigilar la asimetría, los bordes, el color, el diámetro y la evolución de cualquier lunar, sin olvidar zonas poco vigiladas como el cuero cabelludo, las orejas o la planta de los pies. Ante un cambio, cita con el especialista sin demora.
Conviene recordar, además, que la consulta de dermatología médico-quirúrgica va más allá del cáncer. En ella se abordan desde patologías inflamatorias hasta problemas como la sudoración excesiva, con soluciones tan concretas como la toxina botulínica para la hiperhidrosis axilar, capaz de reducir el sudor durante meses con una sola sesión de microinyecciones.
La piel avisa casi siempre. Escucharla a tiempo y ponerse en manos expertas marca la diferencia entre un susto menor y un problema serio. Esta información es de carácter general y no sustituye el asesoramiento médico; ante cualquier duda o lesión sospechosa, consulte con un dermatólogo.